jueves, 30 de agosto de 2012

Soy la palabra erecta... (J. Salvador Díaz A.)


Soy la palabra erecta: ábrete, susúrrame. Dime todo, te doy todo.

Mírame, no dejes de mirarme, acaricia esto, tómalo fuerte, ¡arráncalo de una vez! Guárdalo entre tus pechos, en tu boca, asfíxiate, llénate, rómpeme, desgárrate, llora, mójate, mirona, lastimera, quémame.

Di: adentro. No digas: ¡Así! Sigue, que no te importe el mundo, hoy no existes, no estás, no estamos, humíllame, detenme, ven,¡aquí! allá, arriba, abajo, detrás, rápido, sí, escribe, mátame, golpea, siéntate, muévete, ¡grita! Huye, respira, goza, succiona, siente, explota, loca, falaz, grosera, ¡mujer! Júrame, véndeme, déjame, corre, tenme, anda, amarra, abofetea, di: ¡penetra! No digas: ¡dentro! Hazme, engendra, brilla, chispea. Escucha: tus muslos, mi falo, tu mar, mi espuma, mi sal...







sábado, 25 de agosto de 2012

... en la garganta (J. Salvador Díaz A.)

Todos los sonidos son… en este momento dos oídos apuntando en lados opuestos captando las vibraciones que rebotan en cuatro paredes, un librero, una puerta y más de doscientos libros.

No habla el espectralismo ni los precursores; no hablo de Scelsi, muerto hace años.

El oído es la disposición de dios a escuchar lo que producen sus manos y su mente.

Todas las palabras retumban, estallan en las ventanas, se reproducen en la garganta, fecundan en la lengua; es el orgasmo perfecto, la delicadeza ruda, la partitura literaria.

En este momento todos los sonidos son… palabras.